jueves, 29 de septiembre de 2011

Awakenings with love

Sabe que no tardará en llegar, él nunca olvida una cita, pero su inconfundible manía de tardar de más la está poniendo de los nervios. No quiere parecer impaciente, pero sus andares de arriba a abajo de su casa con una camiseta vieja, de él, y la ropa interior como únicas prendas delatan sus ganas de que se abra la puerta y sea él.
Decide subir a su cuarto, le ha dejado sus llaves para que no tenga que llamar así que no tendrá que bajar a abrirle. En un intento de parecer tranquila, se pone sus cascos amarillos y abre una revista al azar. No la está leyendo, presta atención a la canción que su móvil ha decidido ponerle, "Just the way you're", piensa que su móvil la odia y no quiere ayudarla a tranquilizarse. 
Oye de fondo la puerta y su corazón empieza a acelerarse, disimula. Para la música y escucha sus pasos subiendo la escalera, disimula. Ve por el rabillo del ojo como entra en su cuarto, disimula. 
Él deja la chaqueta encima de la silla y se descalza. Se sienta al lado de ella, le quita suavemente los cascos, se acerca a su oído y entre susurros le dice "buenas noches princesa".
Ella le acusa de su tardanza, y él se libra besándola. El polo con el que él venía acaba a los pies de la cama, como el resto de la ropa, mientas ellos como diría Sabina "les dieron las diez y las once, las doce...
A la mañana siguiente ella se despierta sola, un momento de pánico le invade al pensar que lo de la noche anterior podría haber sido un sueño, pero el olor de él impregnando las sábanas y una pequeña flor posada a su lado se lo niegan. Inspira fuertemente con la cabeza pegada a la almohada antes de levantarse, se pone el mismo polo que llevaba él el día anterior, se acomoda un poco el pelo y empieza a bajar las escaleras.
El olor a café y a tostadas se enfatiza en cada peldaño, hasta que acaba en la planta de abajo, donde le ve. En la cocina, de espaldas a ella, unta mermelada en una tostada, recién sacada de la tostadora. Caminando de puntillas llega a donde está él, y le abraza por detrás. Le besa el hombro y le da los buenos días, él sonríe, le besa la frente y sigue con su tarea mientras ella prepara el café y sirve el zumo.
Mientras desayunan, ella se queda mirándole un instante, con la taza en las manos y las piernas encogidas. Él pregunta en qué está pensando para sonreír de esa manera. Ella deja la taza de café, se acerca a él, le rodea con los brazos y susurra "Quiero despertarme todos los días contigo, siempre, aunque no haya desayunos perfectos, ni flores, quiero despertarme todos los días sabiendo que te tengo a mi lado". Él le aparta el pelo suavemente, y a escasos centímetros de su oreja se lo promete, "siempre".

No hay comentarios:

Publicar un comentario