viernes, 30 de diciembre de 2011

Él y ella.

Él y ella se miran. 
La tenue luz de una habitación con las persianas bajadas deja ver solo a medias dos sonrisas inocentes. Pero no es suficiente luz para percibir que ella tiembla ligeramente, no tiene frío, no tiene miedo, no tiene más que unas ganas terribles de besarle. 
El escaso metro que les separa desaparece cuando él le tiende la mano. Enlazan los dedos de la mano y se acercan. Con la mano libre, ella le rodea el cuello, y él la cintura. Se quedan a escasos dos centímetros él de ella. Un solo movimiento y sus labios se toparían, pero no tienen prisa, se quedan así, suspendidos en un beso inminente, cruzando la mirada con complicidad. 
Una leve música llega de fuera, y les hace sonreír. Deshacen el lazo que une las manos de él con las de ellas. Se acaban de rodear y crean dos mundos. Ellos allí, uno entre los brazo de el otro y el mundo, todo lo demás, fuera de esa pequeña perfección. Empiezan a moverse despacio, al compás de esa canción que les dicta bailar pegados, corazón con corazón. 
Lamentablemente, la canción termina y allí la clase de baile. 
Se sientan en la cama y el beso que tienen pendiente tiene lugar, una y otra vez. Se besan despacio, se besan deprisa, se besan la cara, se besan el cuello.Se dan cuenta de una cosa, la ropa empieza a sobrar. Ambas camisetas terminan a los pies de la cama. Él se tumba y ella comienza a acariciarle. Pasa suavemente los dedos por sus brazos, por su pecho, por su tripa, nota como se estremece y sonríe con los ojos cerrados. Se acerca y le besa suavemente, tumbándose con él. 
Se miran, no se dicen nada, no hace falta. Quieren tenerse cerca, lo más cerca posible, que entre ellos no quepa ni un suspiro. Él la maneja, la acaba de tumbar y la rodea con los brazos, con las piernas. Con una mano le quita el pelo de la cara, con la otra la acerca. Ella sigue su ejemplo y abre las manos en su espalda, grande, protectora. Sube una de ellas y la posa en su nuca para acercarlo aún más. 
Ella separa momentaneamente sus labios de los de él y se acerca a su oído, cuando puede llegar a rozarlo con los labios, le susurra eso que ya es evidente, pero que jamás se cansará de decirle, eso que él le pidió que algún día fuese lo primero que escuchase al despertarse, eso que ella querría decirle cada madrugada, "te quiero". 
Ya se puede acabar el mundo, juntarse el cielo con la tierra, que a ellos les da igual. Nada del mundo vale más que estar ahí, en su pequeño universo, donde solo existen él y ella.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Mis tres mosqueteros.

A mis quince, una de las características más claras que tengo es que acostumbro a llevarme mejor con los chicos que con las chicas. Me entiendo mejor con ellos que con ellas y suelo pasar más tiempo en compañía de  varones. 
Esto, como todo, tiene sus contras, y creo que el peor sería que a priori hay muchos temas que cuesta tratar con el género opuesto. Yo no soy ninguna excepción, pero conozco tres personas que rompen con esta regla en mi vida. 
Cuando se hace de noche, cuando las personas empiezan a preparase para acabar el día, yo sé que una de las mejores cosas del día aún está por llegar. Suena el timbre. Son ellos, lo sé. Dejo todo lo que estoy haciendo y bajo a trompicones por las escaleras de mi casa. Les veo ahí, al otro lado de las barras de mi puerta, a uno, dos o en el mejor de los casos a los tres. A mis tres mosqueteros.
Es cierto, no solemos hablar de cosas importantes, nuestras conversaciones suelen ser sobre cosas diarias, pero sé que cuando me pasa algo, cuando necesito ayuda, cuando no estoy bien, ellos están ahí, pase lo que pase, para darme un consejo o corregirme si la estoy cagando. Con ellos no tengo tabús, no hay "temas de chicas" ni cosas de las que no pueda hablar. Es extraña la sensación que tengo con ellos, sé que soy yo, me siento yo, sin tapujos.
A simple vista, su visita puede ser ya un punto más en mi rutina, pero para mi es una de las cosas que más ilusión me hacen, que más me gusta que pase, que más espero cada día. 
Cada uno de ellos es distinto, único e irremplazable. Sin duda, mis mejores amigos.
Aytor Chuecos,  el que es capaz de abrazarme y conseguir que no sienta miedo, el que lleva más tiempo a mi lado. Quizá algunos momentos juntos fueron duros, pero siempre pude contar con él.
Agustín Hernandez, el chico más noble y auténtico que he conocido nunca. Tiene el corazón más grande del mundo y me encanta poder ayudarle siempre, porque se merece todo lo bueno que existe. 
Pablo Sanchez, sin duda la luz al final del tunel, ha aguantado mis peores momentos pero siempre he podido contar con esa sonrisa suya capaz de sacar la mía y esa fuerza que me presta cuando yo no tengo.
Sin estos tres chicos mi día a día no sería lo mismo, muchísimas veces me habría perdido por el camino y otras tantas no habría sido capaz de continuar. 
Gracias por ser vosotros, por dejarme ser yo. 
Os quiero mucho. 

lunes, 19 de diciembre de 2011

Siempre, ella.

Y cada vez que lo intento, solo sumo un fallo más. ¿Qué tengo que hacer? No consigo dar pie con bola y hacer algo a derechas. 
Te extraño, muchísimo. ¿Tan lejos quedan aquellos días en los que yo era algo para ti? ¿Tan fácil te ha resultado sustituirme? Es raro que para mi esos días aún estén a flor de piel, aún pueda oírnos reír, juntas, como siempre, y que por mucha gente que mire a la cara, nunca encuentre a nadie que signifique la mínima parte de lo que significaste, significas y te juro que significarás siempre para mi. 
Parece que mi error fue tan profundo que ni el más sincero perdón ni mis miles de intentos por recuperar lo más bonito que la vida me ha dado sirvan para algo. ¿Acaso solo cuentan los fallos?, ¿y todas las veces que he puesto la mano en el fuego por ti, que he plantado cara al mundo por ti, que te he apoyado, que te he cuidado? Claro, eso no vale nada. 
Me flaquean las fuerzas para seguir luchando, para seguir dándolo todo y no recibir nada. Lo siento, sé que tú te mereces algo muchísimo mejor, mejor de lo que yo jamás podré ser. Pero, si algún día quisieses darte la vuelta, que sepas que me encontrarás ahí, contigo, esperando para verte sonreír, dispuesta a recogerte si te caes, a darte mi mano si es que me la pides. Porque quizá ya nada sea lo mismo, quizá solo queda el resquicio de lo que un día fue, quizá he llegado tarde, pero aún así, solo decirte que jamás, te juro que jamás habrá nadie que sea para mi lo que eres tú.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Cuatro caminos.

¿Os acordáis de aquello de "estamos para todo, duramos para siempre"? ¿Dónde queda aquello? Lo sé, sé que las cosas no están para risas, para hacer como si nada, para que todo vuelva a ser lo que era así como así. Pero os pido ayuda, os imploro ayuda. 
Parte de aquel "todo" era perdonar, era saber que somos humanas, las cuatro, que si una dice que no, es que no, que nos debemos confianza plena, ciega, absoluta, y que si una falla, si una hace algo mal, tan solo tenemos que ayudarla a rectificar, a volver al buen camino. Todas hemos fallado, a todas se nos ha perdonado, porque para eso estamos. Parte de ese "todo" era no tirar la toalla jamás. 
Y aquel "siempre"... para mi era una vida. Me conocéis, sabéis lo que me cuesta sentirme como en casa, sentirme yo misma, y querer quedarme. Pero esta vez todo era distinto, era especial. No tenía mejor manera de mirar al futuro que con ese "siempre", con vosotras, con las tres. Y es que "siempre" es un si que no acaba nunca. ¿Desde cuando los "siempre"s se acaban?. Parte de ese "siempre" era que no tuviese final. 
Para mi esa frase fue un lema, una promesa, un por qué por el que levantarme cada mañana, y ahora... ahora ya no queda nada. 
Una última oportunidad. Solo una. Si sale mal, adiós muy buenas, pero siempre lo hemos dicho, es mejor morir luchando que vivir sin haberlo intentado. Sé que si sale mal a todas nos dolerá mucho, para todas será un gran golpe, pero a mi parecer vale la pena correr el riesgo.

jueves, 8 de diciembre de 2011

A la millonésima mirada, todo cambió.

Nos hemos mirado millones de veces. Hemos estado juntos miles de días. Hemos cuidado uno del otro. Nos hemos contado todas las movidas. Nos hemos probado el uno al otro. Pero de repente, un click, una mirada, un segundo, no sé qué fue, pero cambió todo.
¿Es posible que esté sucediendo lo que yo creo? Es decir, ¿cuántas posibilidades hay de que la gente tuviese razón? Jamás me habría planteado esto antes, nunca pensé que pasaría, vamos, me parecía inverosímil completamente. Pero tengo la sensación de que está sucediendo.
No era la primera vez que nos veíamos en esa situación. Tú y yo juntos, la gente mirando y el tiempo pasando. Siempre había sido agradable notarme cerca de ti porque me sentía segura, era yo misma, tú me conocías y yo te conocía. Muchos hablaron y siempre nos lo tomamos a risa. Pero puedo practicamente jurar que hasta ayer nunca había dado tanta importancia a un segundo contigo. 
Quizá sea porque ya no tengo esa venda en los ojos, ya no estoy atada de pies y manos al pasado, ya nada me impide mirar hacia delante. He archivado mis recuerdos, he asumido los sucesos, he aprendido la lección. Ahora toca seguir caminando y ¿quién sabe? quizá nuestros caminos terminen por unirse. 

miércoles, 7 de diciembre de 2011

He.

Él ha sabido siempre por donde van los tiros, de donde vienen mis palabras, qué significan mis miradas. Me ha tenido en la palma de la mano en todo momento, sabía que si Él decía "ven", yo lo dejaba todo por ir. 
Pero esta es mi vida, mía, ni nuestra ni tuya, mía. Se acabaron las princesas, las cosas bonitas, los mensajes con indirectas, se acabó. He desperdiciado más de un año contigo, si, desperdiciado. Jamás pensé que diría esto pero me arrepiento de haber luchado por ti, de haberlo dado todo por ti, porque tú no me has devuelto más que dolor. No voy a negar haberte querido, si, te quise y no sabes tú cuanto. No creo que jamás llegues a hacerte a la idea de lo que sentí por ti, de lo que habría dado por ti, porque dudo que nunca llegues a entender qué significa querer de esa manera a alguien.
Tan solo espero que cuando mires atrás, cuando recuerdes nuestra historia, cuando alguien te pregunte "¿Qué pasó con ella?" seas capaz de asumir la verdad. Has ido acumulando cagadas y yo he ido perdonándote. Pensé que estabas intentando cambiar, que hacías un esfuerzo, que te importaba. Ahora sé que me equivocaba, que nada más lejos de la verdad, que para ti no fui más que una más de la lista. Ahora te miro y solo veo un error, una mancha en mi historial, un fallo que tapar. 
Esto es lo último que te escribo, tenlo por seguro. Pongo aquí el punto y final. Pero antes, decirte que espero que algún día te des cuenta de lo que estás haciendo, de que esto no es un juego, conmigo ya lo tienes todo perdido, y a mi ya me da igual, sé que hay muchos más, muchos mejores,  pero si no espabilas, tendrás todo perdido también con muchos más.