miércoles, 5 de octubre de 2011

El viaje de mi vida.

Para mi un viaje perfecto solo necesitaría tres cosas.
La primera, un destino muy lejano, para que el trayecto fuese larguísimo.Dicen que lo mejor del viaje es el camino ¿no? Pues yo quiero un viaje en una de esas furgonetas grandes que llevaban los hippies, de colores muy vivs, con las ventanillas bajadas y la música a todo trapo. Quiero parar en estaciones de servicio y llevarme un recuerdo de cada una, una foto, un CD... Quiero coger carreteras secundarias, de esas en las que no te encuentras con nadie durante horas, parar cuando se vaya a hacer de noche, ver atardecer y seguir conduciendo. Quiero dormir dentro de mi furgoneta, y emprender de nuevo mi viaje cuando me lo pida el cuerpo. Quiero recorrer tanta distancia como para ver playa y nieve en el mismo viaje, escuchar mil acentos, comer decenas de platos típicos y conocer muchísimas historias.


La segunda cosa es
un acompañante, porque es absurdo viajar sola. Tiene que ser alguien tan apasionado por la vida como yo, dispuesto a seguirme hasta el fin del mundo, y vivir mil aventuras por el camino. Alguien que me conozca bien, que sea capaz de seguirme el ritmo, que tenga tanta curiosidad por el mundo como yo. Alguien que no tema perderse, ni tenga que llegar a tiempo, alguien que quiera disfrutar del viaje, que no tenga fecha de regreso. Con quién pueda cambiar de planes, de rumbo y de destino de un momento a otro, que tenga ideas fantásticas para el viaje y que después de quede a mi lado para siempre.


Y por tercera y última cosa,
me llevaría dos cámaras de fotos. Una perfeccionista, de esas profesionales, que capte cada uno de los detalles que yo quiera inmortalizar. Que cada puesta de Sol, cada café, cada sonrisa, cada noche bajo las estrellas quede plasmada a la perfección por el objetivo de esta cámara. Y también una polaroid de esas que sacan la foto después de unos segundos, que tienes que guardar a la oscuridad y tienen el marquito blanco, para poder seguir viendo cada cosa que dejo atrás cuando sigo mi camino. Le pondría detrás la fecha, el por qué de la foto y las numeraría. Fotografiaría absolutamente todo, por pequeño, insignificante o ridículo que pareciese, y lo pondría todo después en un gran álbum que llamaría, sin duda, "El Viaje de mi Vida"


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