lunes, 10 de octubre de 2011

N.E.A

Hay gente que viene, y que después se va.
Durante toda tu vida te encontrarás miles de personas que querrán quererte, y otras tantas que querrán dañarte. Te admirarán. Te odiarán. Te envidiarán. Te ayudarán. Te querrán. Te acompañarán. Tendrás tanta gente en tu memoria que no podrás recordarles a todos, pero puede que un día, con mucha suerte, encuentres a alguien que consiga hacerse tal hueco en tu memoria y en tu corazón, que ni con todo el tiempo, todo el empeño y toda la distancia del mundo, podrás olvidarte de un solo momento a su lado. 
¿Sabéis qué? Que yo no tengo alguien así, no. En mi caso tengo la puñetera suerte de tener tres personas, tres chicas, tres amigas, tres ángeles de la guardia a mi lado.
Es cierto, no he crecido con ellas, la verdad es que, realmente, nuestra historia lleva más bien poco tiempo escribiéndose, pero eso no significa que no las conozca como si hubiese estado con ellas desde que empezaron a andar, a crecer. Porque con ellas he aprendido mucho más que en todos los años de colegio, además han sido cosas que nadie te puede enseñar en un aula, y cada una me ha enseñado algo distinto. Aprendí que no todo es blanco, o negro, que no tienes que ser igual que alguien para que sea importante para ti. Aprendí que la gente puede decir lo que quieran, que te tiene que dar igual mientras tú sepas que no es así. Y aprendí a luchar siempre, siempre y siempre, por muy duras que se pongan las cosas, tengo que secarme los ojos, y tirar para delante.
Cuatro nombres componen esta historia, cuatro nombres propios, y cuatro palabras pueden resumirla, tan solo cuatro:
Para todo, para siempre.

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