A mis quince, una de las características más claras que tengo es que acostumbro a llevarme mejor con los chicos que con las chicas. Me entiendo mejor con ellos que con ellas y suelo pasar más tiempo en compañía de varones.
Esto, como todo, tiene sus contras, y creo que el peor sería que a priori hay muchos temas que cuesta tratar con el género opuesto. Yo no soy ninguna excepción, pero conozco tres personas que rompen con esta regla en mi vida.
Cuando se hace de noche, cuando las personas empiezan a preparase para acabar el día, yo sé que una de las mejores cosas del día aún está por llegar. Suena el timbre. Son ellos, lo sé. Dejo todo lo que estoy haciendo y bajo a trompicones por las escaleras de mi casa. Les veo ahí, al otro lado de las barras de mi puerta, a uno, dos o en el mejor de los casos a los tres. A mis tres mosqueteros.
Es cierto, no solemos hablar de cosas importantes, nuestras conversaciones suelen ser sobre cosas diarias, pero sé que cuando me pasa algo, cuando necesito ayuda, cuando no estoy bien, ellos están ahí, pase lo que pase, para darme un consejo o corregirme si la estoy cagando. Con ellos no tengo tabús, no hay "temas de chicas" ni cosas de las que no pueda hablar. Es extraña la sensación que tengo con ellos, sé que soy yo, me siento yo, sin tapujos.
A simple vista, su visita puede ser ya un punto más en mi rutina, pero para mi es una de las cosas que más ilusión me hacen, que más me gusta que pase, que más espero cada día.
Cada uno de ellos es distinto, único e irremplazable. Sin duda, mis mejores amigos.
Aytor Chuecos, el que es capaz de abrazarme y conseguir que no sienta miedo, el que lleva más tiempo a mi lado. Quizá algunos momentos juntos fueron duros, pero siempre pude contar con él.
Agustín Hernandez, el chico más noble y auténtico que he conocido nunca. Tiene el corazón más grande del mundo y me encanta poder ayudarle siempre, porque se merece todo lo bueno que existe.
Pablo Sanchez, sin duda la luz al final del tunel, ha aguantado mis peores momentos pero siempre he podido contar con esa sonrisa suya capaz de sacar la mía y esa fuerza que me presta cuando yo no tengo.
Sin estos tres chicos mi día a día no sería lo mismo, muchísimas veces me habría perdido por el camino y otras tantas no habría sido capaz de continuar.
Gracias por ser vosotros, por dejarme ser yo.
Os quiero mucho.
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