Ella siempre ha parecido la más segura del lugar. Se maneja en casi todas las situaciones y casi nada parece capaz de asustarla. Es pava, se ríe y hace el tonto, pero casi nada le achanta. No duda al caminar, ni al pensar, va con la cabeza bien alta y sonríe al mundo.
¿Sabéis cual es su secreto? Se conoce, sabe cuales son sus fallos, sus debilidades, y cómo esconderlas. Cuando duda no se le nota, cuando tiene miedo aprieta los puños, cuando no sabe que hacer improvisa. Sabe actuar y nadie es capaz de saber que, en realidad, está pasando miedo o no sabe qué hacer. Pero hay cosas que le pillan pos sorpresa.
Él, eso es lo que le pilla por sorpresa. Él. No tenía pensado que su presencia le hiciese temblar, ni que se muriese por besarle a cada instante, cada segundo. No lo tenía planeado. Y eso destruyó toda sus perfectas barreras.
Con él no necesitó fingir seguridad, ni valor, ni siquiera que sabe manejar la situación. Cuando él la mira, ve a la real, a la miedosa, a la terriblemente imperfecta. Cuando cuando la abraza, le hace sentirse pequeña, menuda, pero increíblemente especial. Él ha sido capaz de ver más allá de lo que ella permite a la gente, conoce sus miedos, sus inseguridades, pero porque ella no lo ha evitado. No siente necesidad de ocultarle cada vez que tiene miedo, cada vez que duda.
Él se llevó por delante su incredulidad hacia el "siempre", su necesidad de manejar la situación y su miedo a lo irreversible. Se siente segura con él cerca, sabe que nada puede salir mal. Se deja llevar. Pero sigue siendo ella, y a veces teme. No teme que él use sus inseguridades, como le pasa con el resto del planeta. Teme no estar a la altura, no saber manejarse, teme ser poco, o no ser lo debido. Teme defraudar. Pero crecer, continuar, significa enfrentarse a nuevas situaciones, a momentos en los que quizá no sepas qué hacer, o cómo, y que tan solo tienes que actuar. Y él nunca deja que ese momento de temor sea más que eso, un momento. La ha acostumbrado a que cuando sienta miedo, le apriete más fuerte la mano y que tan solo con la mirada sea capaz de pedirle ayuda. No necesita más que eso, un cruce de miradas, para entender que ella le necesita. Y ella ya no quiere ser sin eso, ya no quiere tener que aprender sin él.
Con él no necesitó fingir seguridad, ni valor, ni siquiera que sabe manejar la situación. Cuando él la mira, ve a la real, a la miedosa, a la terriblemente imperfecta. Cuando cuando la abraza, le hace sentirse pequeña, menuda, pero increíblemente especial. Él ha sido capaz de ver más allá de lo que ella permite a la gente, conoce sus miedos, sus inseguridades, pero porque ella no lo ha evitado. No siente necesidad de ocultarle cada vez que tiene miedo, cada vez que duda.
Él se llevó por delante su incredulidad hacia el "siempre", su necesidad de manejar la situación y su miedo a lo irreversible. Se siente segura con él cerca, sabe que nada puede salir mal. Se deja llevar. Pero sigue siendo ella, y a veces teme. No teme que él use sus inseguridades, como le pasa con el resto del planeta. Teme no estar a la altura, no saber manejarse, teme ser poco, o no ser lo debido. Teme defraudar. Pero crecer, continuar, significa enfrentarse a nuevas situaciones, a momentos en los que quizá no sepas qué hacer, o cómo, y que tan solo tienes que actuar. Y él nunca deja que ese momento de temor sea más que eso, un momento. La ha acostumbrado a que cuando sienta miedo, le apriete más fuerte la mano y que tan solo con la mirada sea capaz de pedirle ayuda. No necesita más que eso, un cruce de miradas, para entender que ella le necesita. Y ella ya no quiere ser sin eso, ya no quiere tener que aprender sin él.
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